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PRÓLOGO
Título:Cuadernos de QueleAutora: Cristina Pizarro
-Cuadernoo de la mañana -Cuaderno de la tarde -Cuaderno de la noche


por Bertha Bilbao Richter

     Original y promisoria la convocatoria de Graciela Licciardi para el segundo libro de su naciente editorial y entusiasta y confiada la participación de los escritores provincianos en esta Reunión de voces poéticas; algunos ya conocidos y debidamente valorados en sus provincias natales como fuera de ellas, entre los que cabe mencionar a Susana Quiroga, Cecilia Glanzmann, María Belén Alemán, Lucía Carmona, Leonidas Escudero, Lydia Alfonso, la gran muchacha Buenos Aires y sus cartas de amor en poemas” y a José Gallardo +, que nos ha dejado una valiosa obra inédita. Otros, tienen aquí la oportunidad de hacerse conocer más allá del círculo de amigos o de su ámbito territorial, como Jorge Ernesto Rodríguez, Lourdes Angélica Zalazar, Delfina Pariente y María del Rosario Gómez de Balbuena. No obstante, todas las voces constituyen la mediación de una idea y expresan individualidades que se distinguen por su tono, su coloratura, el vibrato, sus registros y, del mismo modo, por la cosmovisión de sus portadores. De ahí que en este libro subtitulado Maravillas de nuestro país, podamos distinguir esos rasgos del interior que nos ayudarán a configurar el rostro de nuestra nación, afectada no sólo por su dilatada extensión, en el decir de Sarmiento, sino también por su incomunicación y el desconocimiento recíproco de los hijos de la Madre Patria y sus expresiones culturales.
     De ahí también la heterogeneidad de temas: desde la amplia visión continental en un poema de Delfina Pariente hasta la especificidad de un determinado árbol que se mira en un río que ha hecho propio la pluma de Jorge Ernesto Rodríguez, pasando por la pintura de un pueblo – Federación- por Martha Dora Arias, hasta “La casa de la esquina”, de Elva Rosa Arredondo. Desde el homenaje al padre ausente en una sentida página de Elena Garzón, o María del Rosario Gómez de Balbuena también en el canto a su padre que le sacude añoranzas, y su excelente homenaje a Miguel Hernández, o a la hermana poeta en el In Memoriam escrito por Lucía Carmona, hasta las preocupaciones por el desequilibrio socioeconómico del mundo en Olga Ferrari y Roberto Glorioso o hasta la subjetivación del fin de siglo que se proyecta en los inicios del reciente, con su fragmentarismo, la aceleración del tiempo, la cibernética, la digitalización de lo cotidiano y la duplicación, en María Belén Alemán o acerca de la vergüenza del mundo que golpea al corazón y duele en Piero De Vicari. Desde la recuperación del clima de nido en la cocina hogareña en un poema de José Gallardo hasta el balance de la propia vida en Elva Rosa Arredondo, pasando por la autoconciencia de un temple de ánimo generador de la poesía: la soledad, en Susana Quiroga, la nostalgia de la infancia y del corazón sin lastimaduras en Lourdes Angélica Zalazar; las remembranzas en la glicina de su madre, selvática y tranquila de Martha Dora Arias; la mujer soltera que hasta ella se aleja de sí misma en Horacio Laitano; el ansia de plenitud en Ricardo Trombino o la sed de infinitud en Cecilia Glanzmann. No está ausente Dios en su manifestación teofánica, en Elena Garzón, el desvanecimiento de la esencia de la vida, metaforizado como la pérdida del perfume de las flores, en Horacio Laitano; la vida como travesía en una página de Lourdes Angélica Zalazar y en “La pasajera del viento”, de Elva Rosa Arredondo, como así también en una página de María Montserrat Beltrán; el amor como el más íntimo y paradojal sentimiento en Lydia Alfonso y en Jorge Ernesto Rodríguez.
     También hay páginas que nos llevan a pensar en la génesis del poema y del canto como ruptura del silencio o la imposibilidad de comunicar la belleza en la muestra que nos ofrece Héctor Aníbal Aguirre; la escritura como un horror que juega con el error o como conjura para neutralizar el poder de la muerte, en Piero De Vicari, o el hallazgo del poema, siempre esquivo, en Olga Ferrari o el personaje aquel que tomó la opción de “matarse de poesía” en Ricardo Trombino o en “Alfonsina” en que Delfina Pariente habla de ella como creyente en el dolor y el amor como única verdad.
     No están ausentes los ideolectos que nos permiten atisbar matices dialectales, sociolectos o cronolectos. Al respecto, Jorge Leonidas Escudero nos entrega “una yeguada de palabras” en su recuperación de la lengua coloquial campesina y Héctor Aníbal Aguirre da cuenta de su capacidad de manejar registros diferentes en formas cultas y de la tradición popular, mientras José Gallardo, con esa transparencia que caracteriza su poesía, reinterpreta obras que concitaron su atención, como El regreso del Joven Príncipe, de Alejandro Roemmers o la obra poética de la peruana Estrella Arroyo de Guedes. La sensualidad que denota María Montserrat Bertrán en su piel sobre piel y boca en la boca, así como Roberto Glorioso en ese paraíso que se dibuja donde bocas se disparan por mordiscos.
      Es inocultable la pretensión de la editora de abrir nuevos caminos a la creatividad y de ofrecer a los lectores, a través de este libro, un instrumento de acercamiento, de concordia, de comprensión y de solidaridad y por otra parte, exhortarlos para que, en actitud de escuchas, disfruten, reflexionen y participen de esta reunión de poetas, genuinos buscadores del sentido de la vida y de la realidad en que se insertan; sus voces dialogarán entre sí y con nosotros, sus destinatarios, para fortalecer nuestra cultura, siempre ligada a los conceptos de identidad y soberanía.

Bertha Bilbao Richter.
Buenos Aires, Enero de 2012.

 

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